Cleantech es el nombre que recibe el conjunto de tecnologías y servicios que buscan reducir el impacto ambiental de forma rentable.
Para quien emprende, esto es más que una etiqueta de sostenibilidad: es un sector donde una startup puede llegar a resolver un problema que ni las grandes corporaciones han conseguido resolver por su cuenta.
Por qué las startups tienen una oportunidad en este sector
Muchas empresas grandes tienen recursos económicos para invertir en sostenibilidad, pero no siempre cuentan con la agilidad o el tiempo para crear soluciones nuevas. Y ahí aparece un problema muy concreto: según el Panorama de innovación en cleantech de Tetuan Valley y CleantechHUB, existen startups con soluciones ya desarrolladas, y existen empresas con necesidades concretas que estas soluciones podrían cubrir, pero en algunos casos, ambas partes aún no han llegado a encontrarse.
Cuando ambas partes logran encontrarse, la colaboración funciona: la startup aporta la tecnología que la empresa grande no puede crear a velocidad startup por su cuenta, y la empresa aporta el músculo (clientes, infraestructura, recursos) que la startup todavía no posee.
Casos de éxito en distintos sectores
Esta colaboración ya se está dando en sectores muy distintos entre sí, como por ejemplo: el hidráulico, el textil, el agrícola o el de movilidad. Cuatro ejemplos concretos de cómo startups y grandes empresas están trabajando juntas a día de hoy.
El agua
En España, el estrés hídrico ya se nota en las restricciones de riego que aplican muchos municipios en verano. Es un buen ejemplo, un sector como la gestión del agua (uno de los oficios más antiguos de la humanidad), donde todavía queda hueco para que una startup llegue con una solución que nadie había planteado hasta ahora.
Canal de Isabel II, la empresa pública que gestiona el agua en Madrid desde 1851, ha convertido varias de sus plantas de tratamiento en «biofactorías”, instalaciones que transforman los residuos del agua en energía renovable, fertilizantes agrícolas, agua regenerada y, próximamente, hidrógeno verde.
Además, su proyecto de telegestión inteligente (contadores digitales repartidos por todo el territorio) no solo reduce fugas, sino que también detecta patrones de consumo anómalos que pueden alertar de vulnerabilidad social, como el caso de personas mayores que viven solas.
Es un ejemplo de cómo la tecnología cleantech puede tener, además del impacto ambiental, un impacto social.
La ropa
Cada prenda de ropa que ya no usamos, tiene detrás el mismo problema que el agua que se pierde, un recurso que se desecha en vez de reaprovecharse.
La empresa ECOALF ha construido buena parte de su negocio dando una segunda vida a los residuos. Convierte plástico recogido en el mar en hilo, y redes de pesca en nylon para confeccionar ropa nueva. Este caso demuestra algo importante: no siempre hace falta partir de cero para innovar. A veces, la innovación está en combinar procesos existentes de forma novedosa y llevarlos a una gran escala que antes nadie había conseguido.
El tren
Coger el tren en vez del coche ya es, de por sí, la opción más limpia. Pero incluso ahí, hay margen de mejora. Desde 2018, Renfe impulsa TrenLab, su propia aceleradora de innovación abierta, que ya ha trabajado con múltiples startups a lo largo de varias convocatorias.
Una de esas startups es Greemko, cofundada por Jorge Portillo y Mar Robles, ambos alumni de Tetuan Valley, que desarrolla software para medir con más precisión las emisiones. Lo interesante del caso es que Greemko no se quedó en una prueba puntual: pasó de ser una startup incubada a convertirse en proveedora activa de Renfe.
Este caso muestra que incluso los sectores que ya parten con ventaja ambiental, como es el tren, siguen teniendo margen de mejora, y ese margen es muchas veces, el hueco que puede ocupar una startup.
El campo
Los grandes campos españoles que conforman el sector agrícola de nuestro país, llevan años luchando por seguir siendo rentables.
CAPSA Food, la empresa detrás de marcas tan conocidas como Central Lechera Asturiana, Larsa o Ato, ha convertido la innovación abierta en parte central de su estrategia. A través de su programa Horizonte Rural trabaja con startups en digitalización de granjas y bienestar animal, y ha creado la Granja Lab, un espacio de experimentación desarrollado junto al Gobierno de Asturias donde se prueban nuevas tecnologías antes de aplicarlas en explotaciones reales.
Hoy colabora activamente con startups como Modos (digitalización agroganadera), Yoap (productos para mascotas), VayaFood (alimentación funcional) o NuCaps (encapsulado de ingredientes), buscando no solo reducir el impacto ambiental, sino ayudar a que estas explotaciones sigan en pie.
Este caso nos recuerda algo importante: el sector cleantech no siempre trata de tecnología futurista. A veces consiste, simplemente, en que un sector tradicional se posicione en la vanguardia de la innovación.
Las cifras respaldan la apuesta por el clima
Cada vez son más las grandes empresas (y no solo fondos de inversión) que destinan parte de su propio capital a invertir directamente en startups. Esto, es lo que se conoce como Corporate Venture Capital (CVC): por ejemplo, una eléctrica, un banco o una petrolera invierte en una startup. Muchas veces, porque le interesa aplicar esta tecnología en su propio negocio más adelante, innovando a velocidad startup.
El CVC dirigido a cleantech, ha crecido más de un 200% en Europa en los últimos cinco años (Panorama de innovación en cleantech de Tetuan Valley y CleantechHUB), una señal clara de que cada vez más empresas quieren apostar por este tipo de startups, por esta innovación sostenible.
Sin embargo, el reto aquí no es solo encontrar buenas ideas e invertir en ellas. Según el Capgemini Research Institute el 68% de las iniciativas aisladas de innovación abierta no llega a generar impacto medible. Es decir, muchas empresas invierten en una startup o lanzan un proyecto piloto, pero después no consiguen que esa colaboración se convierta en algo real dentro de su negocio.
¿Por qué pasa esto? Según Conecta Industria, lo que suele faltar es apoyo real de la dirección, presupuesto asignado, y sobre todo responsables que se hagan cargo de que ese piloto pase a usarse de verdad. Algunas unidades de negocio, además, pueden ver la innovación como una distracción de su trabajo diario, no tener tiempo para dedicarse a ello. A esto se le conoce como el «piloto eterno»: pruebas que sí generan aprendizaje, pero que nunca terminan de convertirse en algo estable dentro de una empresa. Evitar quedarse en este piloto eterno es, probablemente, uno de los retos más importantes que enfrenta el panorama cleantech español.
La tecnología ya existe, el capital ya está llegando, y las startups ya tienen soluciones probadas en sectores tan distintos como el textil, el agrícola o el de movilidad.En este aspecto, en Tetuan Valley trabajamos por un lado, con empresas en sus procesos de innovación y por otro, con startups que operan en el sector cleantech, ayudándolas a crecer y a conectar con quien puede necesitar lo que ya tienen construido.